On the Vulnerability of a South Asian Muslim Woman: My Grief, the Sun by Sanna Wani

Cover of the book My Grief the Sun by Sanna Wani

Note from the Editor:
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Traducido al Español por Devora Barrera González
Translated into Spanish by Devora Barrera González


My Grief, the Sun, Kashmiri-Canadian poet Sanna Wani’s forthcoming first book of poetry, is truly an extension of the human body. Holding this book in my hands, I can feel it pulsating like a beating heart, warming my skin golden like the summer sun. Is this what feeling seen is like? I wonder. I’ve felt invisible, filled with this heavy grief for so long that I forgot what it was like to feel seen and heard. You may ask, what grief? Imagine carrying centuries worth of intergenerational trauma due to the effects of colonialism, orientalism, and displacement. It continues, this heaviness. I carry it. My father carries it. My grandmother carried it. My great-grandmother carried it. We are born with a rod of iron on our shoulders and are forced to bear it, all while remaining imperceptible in a world that often refuses to acknowledge our existence and demonizes us. Wani has put her entire self—all her grief, all her unexpressed love, and poured it into this white and yellow bound gift for those of us who need it the most—the grief-stricken, filled to the brim with endless love.

Split into four parts, this collection explores everything from belonging, home, family, culture, and so much more. What struck me the most is Wani’s nuanced and realistic expression of spirituality and Islam. Section II, “Forming Glory,” consists entirely of erasure poems formed from German Orientalist scholarship on early Islam. In these poems, Wani expertly pulls Muslim identity away from the Western gaze, so that its narrative can return to what was its true form. In poems like “Schizotheism,” the speaker addresses Allah, “God” in Arabic, using capital They/Them pronouns to highlight how in Islam, Allah doesn’t subscribe to a gender. Wani delves into her relationship with Allah in what I can only describe as the Lover and their Beloved: “I wonder what became of my Allah, after that one time They came to me in a dream and whispered, ‘Are you me or am I you?’” This poem could be seen as borderline blasphemous by some Muslims, but I see it for what it is—a truly honest, sincere reflection and most intimate account of what a Muslim’s relationship with Allah can look like.

My own relationship with Allah as a Muslim has ebbed and flowed, waxed and waned over the years as I’ve grown through hardship and healing. I’ve cried an ocean trying to figure out who I am in this faith, and some of those very tears escaped and landed on the pages of this book while reading. There’s no such thing as a “bad” Muslim. We’re all trying our best, trying to be the best versions of ourselves in a world that will never understand us, never see beyond what the news portrays us to be. We’re all good Muslims—being kind, generous, gentle, and doing our best. Wani puts the very essence of this feeling into her poetry.

Not only are the themes in this collection heart-warming, but the visual forms that Wani plays with are also stunning. Before each section, there is a piece of art that encompasses repeated lines from well-known poems. For example, Section III starts with an image of a single hand within two circles. Behind this visual are continuous lines from “Reaching,” an Anne Carson poem. We also see ekphrasis in “Princess Mononoke (1997),” where the well-known Hayao Miyazaki film produced by Studio Ghibli is explored and broken apart into small, detailed descriptions. The little sections of sentences in these three poems are ordered like a 3X3 grid and can be read any which way because there is no specific chronological order to them. There is a sort of conscious cyclical nature to each of the pages in this book. One of my favorite poems is “Spin,” which consists of a single line of poetry in a circle. The poem can start and end at any point; one could even say it neither starts nor ends—it just is, like the sun, which the form of this poem resembles. Section IV, “Distances,” is split into the four seasons and is composed of little vignettes. Each season is preceded by a map connecting two pinned locations, like Toronto and Montreal. The maps function as grounding for the reader as well as placement in this spinning top of a book-world. The cyclical nature of these poems truly represent life not as the linear journey we usually see it as, but as what life is like for immigrants and their families. Our lives have begun and ended and started over more times than we can count.

Reading this book made my grief lighter. I felt seen in a way I never have before while holding a collection of poetry in my hands. I felt like I continuously saw parts of myself in the speaker. In the literary world, it’s hard trying to be enough, trying to feel seen, heard, and represented as a woman of color—let alone as a South Asian Muslim woman poet. As I read and read, drank, savored, and swallowed every inch of this book, I felt more and more like the bird on the cover, always moving, vulnerable, and hopeful. When cold wind ruffles my hair, I migrate in the winter. But in the spring, I fly in the sunlight and find another place to call home.


Sobre la Vulnerabilidad de una Mujer sur asiática musulmana: Mi dolor, el sol por Sanna Wai

Mi dolor, el sol, el primer libro de poesía de la poeta Kashmiri-Canadiense Sanna Wani, es verdaderamente una extensión del cuerpo humano. Al sostener este libro en mis manos, puedo sentirlo pulsar como un corazón latiente, calentando mi piel dorada como el sol de verano. ¿Es esto lo que se siente ser percibida? Me pregunto. Me he sentido invisible, llena de un pesado dolor por tanto tiempo, que he olvidado lo que se siente ser vista y escuchada. Puede que te preguntes, ¿De qué dolor hablas? Imagina cargar el equivalente a cientos de años de trauma intergeneracional, trauma generado por el colonialismo, orientalismo y desplazamiento forzado. Y continúa, esta carga pesada. Yo la cargo. Mi padre la carga. Mi abuela la cargó. Mi bisabuela la cargó. Nacemos con una vara de metal sobre nuestros hombros y somos forzados a aguantarlo todo, siendo imperceptibles en un mundo que constantemente se rehúsa a notar nuestra existencia mientras nos demoniza. Wani ha puesto todo su ser -todo su dolor y amor inexpresado, en un regalo de envoltura blanco y amarillo para todos aquellos que lo necesitemos más -su dolor te golpea, y brilla con infinito amor.

Esta colección, dividida en cuatro partes, explora el sentido de pertenencia, el hogar, la familia, la cultura y mucho más. Lo que más me sorprendió es el realístico matiz con el que Wani se expresa de la espiritualidad y el Islam. La sección II, ¨Creciente gloria¨, consiste en poemas de supresión nacidos de una erudición Germana oriental al principio del Islam. En estos poemas, Wani extrae la identidad Musulmana lejos del punto de vista occidental, de tal forma que la narrativa regresa a su forma natural. En poemas como ¨Schizotheism,¨ la autora aborda Allah, ¨Dios¨en árabe, usando pronombres neutrales para resaltar como en el Islam, Allah no está susrcito a ningún género. Wani profundiza en su relación con Allah, en algo que sólo puedo describir como el amante y su amado: ¨Me pregunto qué fue de mi Allah, después de aquella vez que vino a verme en un sueño y me susurró,´Eres yo o soy tu?´¨ Este poema podría ser visto al límite de ser blasfemo por algunos musulmanes, pero yo lo veo por lo que es -una honesta e íntima reflexión de cómo puede ser la relación de una persona musulmana con Allah.

Mi relación con Allah como musulmana ha menguado y cambiado, crecido y decaído a través del tiempo que he crecido atravesando dificultades y sanando. He llorado un océano intentando resolver quién soy en ésta fe, y algunas de esas lágrimas han escapado y caído en las páginas de este libro al leerlo. No existe tal cosa como un ¨mal¨ musulmán. Todos estamos intentando hacer lo que mejor podemos, e intentando ser la mejor versión de nosotros mismos en un mundo que nunca podrá entendernos, y nunca verá más allá de lo que las noticias dicen de nosotros. Todos somos buenos musulmanes, – somos generosos, gentiles y estamos haciendo lo mejor que podemos. Wani pone este sentir como esencia de su poetría.

Los temas en esta colección no sólo son reconfortantes, sino que las formas visuales con las que Wani juega son también asombrosas. Antes de cada sección, hay una pieza de arte que abarca repetidas líneas de poemas reconocidos. Por ejemplo, La sección III comienza con una imagen de una mano entre dos círculos. Detrás de ésta visual hay líneas continuas de ¨Reaching¨, un poema de Anne Carson. También podemos ver ecfrásis en ¨Princesa Mononoke (1997),¨ donde el reconocido filme Hayao Miyazaki producido por Studio Ghibli es explorado en estos tres poemas y organizados como una cuadrícula 3×3 y puede ser leía en cualquier dirección porque no hay orden cronológico específico que les ordene. Se percibe una consciente naturaleza cíclica en cada una de las páginas de este libro. Uno de mis poemas favoritos es ¨Giro,¨el cual consiste de un poema de una sola línea en un círculo. El poema puede iniciar y terminar en cualquier punto, uno incluso podría decir que no empieza ni termina -simplemente es, como el sol, la forma a que este poema se asemeja. La sección IV, ¨Distancias¨, se divide en las estaciones del año y está compuesta de pequeñas viñetas. Cada estación es predecida por un mapa que conecta dos ubicaciones marcadas, como Toronto y Montreal. Los mapas funcionan como base para e lector, así como  ubicación en el mundo de este libro. La naturaliza cíclica de estos poemas representan a la vida diferente al viaje linear como usualmente lo vemos, diferente a cómo los inmigrantes y sus familias ven  la vida. Nuestras vidas han empezado y terminado, y empezado de nuevo muchas más veces de las que podemos contar.

Al leer este libro, sentí mi dolor alivianarse. Me sentí vista en una forma en la que nunca antes lo había sentido, mientras sostenía una colección de poesía en mis manos. Constantemente vi partes de mi reflejadas en la autora. En el mundo literario, es difícil ser suficiente, intentar sentirse vista, escuchada y representada como una mujer de color -aún más como una mujer poeta musulmana sur asiática. Mientras leía y leía, tomaba, saboreaba, y tragaba cada pulgada de este libro, me sentí más y más como el ave en la portada, siempre en movimiento, vulnerable y llena de esperanza. Cuando el frío viento alborota mi cabello, yo migro en el invierno. Pero en primavera, vuelo in la luz del sol para encontrar otro lugar que pueda llamar hogar.